martes, 6 de agosto de 2013

La Coyunda


 Por: Susana Valdés Levy.
Desde su noviazgo, Verónica era cliente asidua de las librerías. Ojalá fuera para leer grandes obras de la literatura, pero no. Iba por esos libros llamados “de autoayuda” pensando en encontrar la forma d...e entender su propia vida de pareja, empeñada en hacer funcionar lo disfuncional. Había adquirido ya toda una colección: “Tus zonas erróneas” “Mujeres que aman demasiado” “Por qué los hombres aman a las cabronas”, “Por qué los hombres no se comprometen”, “Quién entiende a los hombres” “Las leyes de Murphy para mujeres”, “Por qué los hombres no pueden ser fieles”…etc. Con solo echar un vistazo a las repisas del librero en su departamento, era fácil adivinar la biografía de Verónica en cuanto a su vida sentimental.
La suma de todos esos títulos no habla más que de una profunda e interminable insatisfacción convertida en obsesión. Amar a alguien no puede ser tan difícil, ni tan doloroso, ni tan complicado como para necesitar invertir tanto tiempo y dinero en instructivos que nos permitan entender qué está pasando con una relación que no fluye de forma natural y agradable.
Mi abuela decía que las relaciones de pareja deben servir para hacernos la vida más fácil y llevadera a los dos. Son para enfrentar juntos los momentos difíciles y las adversidades, y no para hacernos la vida difícil y adversa el uno al otro. La palabra “cónyuge” viene de llevar juntos el yugo. El yugo, según la Real Academia de la Lengua Española, es un instrumento de madera al cual, formando yunta, se uncen por la cabeza o el cuello, los bueyes, y en el que va sujeta la lanza o pértigo del carro, el timón del arado. Se trata de jalar juntos la carreta de la vida, de los hijos, de la familia, de la casa y de cuanta meta se propongan…juntos.
Los cónyuges no pueden chocar uno contra el otro, no puede ir uno delante del otro. Van juntos, lado a lado, en la misma dirección. Porque de otro modo la carreta no avanza.
Esto es tan simple, que no requiere de mayor explicación y mucho menos de instructivos. Cuando un buey no jala parejo, la coyunda no funciona y la carreta se atasca. ¿De qué sirve entonces leer y leer sobre por qué el buey no quiere andar a la par, o por qué el buey agarró para otro lado, o por qué el buey se echó y ya no quiere jalar? Se puede leer toda una colección de textos del tamaño de la Biblioteca de Alejandría y la respuesta finalmente es una: La coyunda debe jalar fuerte y parejo y si no, no es coyunda….mejor cómprate un tractor. Amar no debe ser tan difícil.
Verónica lee los libros de autoayuda de manera insaciable, sintiendo que el que las cosas funcionen está solo en sus manos, que solo depende de ella, que la culpa es solo suya, que si ella cambia, que si ella aprende a aceptar, que si ella cede, que si ella da sin pedir nada, que si se calla, que si lo seduce, que si no se deja, que si se vuelva más asertiva, que si le da un susto… Miles de consejos y técnicas para aplicar a base de “prueba y error”, garantizando el éxito indiscutible ante una relación fracasada. Pero la pareja, como el nombre lo indica, es cosa de dos. Un solo buey, por más libros que lea, no puede jalar solo la coyunda. En todo caso, solo tendrá que jalar la carreta, hacerlo con gusto y sin lastre.

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